“PEI no es PPI” por Jaime Requena

Investigadores Cientificos

Cuando se instituyó al Programa de Estímulo a la Investigación (PEI) como sucesor del Programa de Promoción del Investigador (PPI), el ministro del PoPo de Ciencia, Tecnología, Innovación e Industrias Ligeras sostuvo que ” … lo que interesa es incrementar el número de investigaciones que tengan aplicación, desarrollo, productividad y la posibilidad de construir la felicidad para el pueblo”.

A casi cuatro años de esa jugada es oportuno revisar cuanto de lo deseado se ha hecho realidad.

En entregas anteriores se analizó el destino que el gobierno le ha dado a los recursos financieros provenientes de la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (LOCTI) y que han estado centralizados en sus manos desde el año 2010. Se pudo constatar que con lo que monta ese impuesto ¬ casi un 3% del PIB¬ se puede financiar toda la ciencia que quisiéramos hacer.

Empero y contraviniendo explícitamente lo que pauta su ley, el dinero de LOCTI ha sido y está siendo usado en otras actividades, muy distintas de la investigación. Para peor mal, en una altísima proporción, lo poco que está siendo otorgado como financiamiento a la investigación es dado a personas con una clara orientación política o a proyectos sin mayor calidad, trascendencia o relevancia.

El resultado de ya varios años de este accionar se hace evidente hoy en día.

Hace unos diez años (digamos para el año 2002 para ser precisos) contábamos registrados en el PPI con unos 1.987 investigadores que producían unos 1.681 trabajos de investigación. De estas publicaciones, 1.100 fueron reseñadas en revistas reconocidas y acreditadas como de primera línea.
Hoy en día, el PEI cuenta con 5.981 inscritos que apenas alcanzaron a producir unos 900 artículos el año pasado y que este año van camino de producir mucho menos aún.

Nueve centenas de artículos en revistas catalogadas como buenas ¬por ser de allende¬ o regulares o menos buenas por ser de aquí, es el total de las publicaciones en ciencia, tecnología e innovación con el sello `Made in Venezuela’ registradas en cualquiera de los motores de búsqueda del internet para el año 2012.

Un dato adicional arroja muchas luces sobre tan lúgubres estadísticas y tiene que ver con el tema de cuántos de los investigadores acreditados hoy en día en el PEI lo estuvieron también antes en el PPI. La respuesta es un 42%. Y son ellos ¬precisamente ese 42%¬ los responsables de una muy buena parte ¬el 77% para ser exactos¬ de las publicaciones que el año pasado hicimos.

Dos conclusiones se derivan de todo esto. La primera es que si el objetivo de la política pública era aumentar el número de trabajos de investigación, el PEI no cumplió el propósito. Muy por el contrario, conspiró en contra de su propósito.

La segunda es que buena parte de quienes la administración pública reconoce como investigadores y los certifica como tales, no cumplen con el sano criterio de hacer del conocimiento público el fruto de su trabajo. Sólo lo hacen ahora un pequeño grupo de profesionales que en un pasado, que ya se hace bien distante, se les reconoció su valía mediante un conjunto de sanos criterios de selección que fueron desechados con el implante del PEI.