“La inesperada riqueza del fondo de Mochima” por Florantonia Singer

Mochima | Foto cortesía de Jonathan Vera

Mochima | Foto cortesía de Jonathan Vera

Hace tres años, cuando se sumergió por primera vez en su tesis de maestría realizada en el Laboratorio de Carcinología de la Universidad de Oriente (núcleo Nueva Esparta), Jonathan Vera había subestimado los cálculos de lo que encontraría en el fondo marino del Parque Nacional Mochima, en el sector oeste del estado Anzoátegui. “Esperábamos que salieran máximo entre 30 y 40 especies, y salieron 97”.

El levantamiento del inventario de los crustáceos decápodos bentónicos, aquellos camarones, cangrejos y langostas que viven ocultos en las profundidades de este complejo ecosistema le tomó al joven biólogo tres años de dedicación, varios desembolsos de sus ahorros e incluso los de familiares para el pago de las salidas en lancha y además adaptarse al salitre y al sol, lo que puede ser una dificultad para un caraqueño criado en Santa Teresa del Tuy con interés por la biología marina.

De la investigación hay varios hallazgos: de las 97 especies, 90 fueron reportadas por primera vez para el estado Anzoátegui, 11 son nuevas para Venezuela, 2 son invasoras y una abrió un nuevo campo en la familia de los camarones alfeide o camarones pistola, el Leptalpheus pereirai. La nueva especie pertenece a un género ampliamente distribuido tanto en el océano Atlántico como en el Pacífico y en el Índico, pero poco estudiado. “El Leptalpheus ha sido poco estudiado debido al estilo de vida muy críptica que llevan”, explican Vera y Arthur Anker en el artículo publicado en junio en la revista científica Zootaxa y que recoge este hallazgo de la investigación. La difusión de todo lo encontrado no está lista, por lo que el inventario seguirá dando luces en la profundidad de la vida marina, de la que apenas se conoce 10% de la biodiversidad que puede albergar.

Para recabar las especies –con el apoyo y la autorización de Inparques e Insopesca, donde trabajaba Vera– se instalaron 13 estaciones de muestreo en varias áreas del parque que sirven de casa a este tipo de fauna, como arrecifes coralinos, raíces de mangle, esponjas y la arena del fondo. El nuevo camarón quiso dejarse ver. El Leptalpheus pereirai fue recolectado a través de una bomba de succión a poca profundidad, apenas a 2,5 centímetros de la superficie del agua, pese a que suele estar escondido.

“Son difíciles de colectar. Hasta ahora solo se tienen cinco ejemplares, cuatro capturados en Panamá previamente y uno en Mochima, con el que se pudo hacer la identificación como nueva especie para la ciencia reportada para ambos países”.

Las diferencias con otros camarones del género son mínimas. “Varía en el dedo móvil y en el largo de las antenas, es de color crema tirando a rojizo, aunque no necesita mucha coloración porque vive en cuevas”, explica Vera. El crustáceo mide aproximadamente dos centímetros de largo y no tiene un potencial de aprovechamiento pesquero, sino más bien biológico, ecológico y tecnológico, pues la naturaleza es inspiración para el desarrollo.

“En Asia hay investigadores que están estudiando la pinza mayor de estos camarones, porque tiene unos discos con una característica biomecánica de interés para el desarrollo de tecnología. Los camarones pistola poseen una tenaza más grande que la otra y cuando se acerca el depredador o la presa disparan una onda de choque, que termina en un desplazamiento de agua, que es tan rápido que puede generar el mismo impacto de una pistola 9 milímetros”.

Taxónomos en extinción. A finales del siglo XIX la taxonomía era un oficio codiciado. Jonathan Vera se siente inspirado por esa estela que dejaron los grandes expedicionarios científicos. “Toda ciencia tiene su boom. El taxónomo se encarga de ubicar especies, dibujarlas y clasificarlas en taxas con base en sus características morfológicas. Pero los taxónomos somos un grupo que se está extinguiendo. Con el surgimiento de la ecología y la biología molecular, con apenas una patica de cangrejo se puede obtener todo el contenido genético de la especie”. El biólogo de 33 años de edad señala que en países como Brasil hay por lo menos 600 especialistas en crustáceos, pero en Venezuela no llegan a 10.

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